La Mazmorra Gris
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Vampiros (ROL IMPROVISADO Y PRIVADO... en breve quizá abierto al publico)

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Acá aria podemos rolear. En breve te pongo a cargo del rol de vampiro.

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2 Algunos lazos son para toda la eternidad el Miér Oct 21, 2015 3:44 pm

*Habían pasado varias lunas desde aquella reunión de la Camarilla donde nos conocimos. El Eliseo parecía un lugar lejano y distante, a pesar de que solía visitarlo casi a diario al haberme convertido en primogenita y secretaria del Príncipe. Aunque lo segundo no era excusa ya que a él solía visitarlo mucho más en su casa que en el trabajo, solo había un vampiro en mi mente en aquel instante y era del cual me encontraba acompañada.

Era una noche muy especial, privada, silenciosa y peligrosa. No había cuestiones del Eliseo que desease tratar ni tampoco temas del principado. Había algo más importante para mi, algo que me tenía inquieta y ocupaba mi mente desde que le vi, desde que se me cruzó la pequeña posibilidad aquella en mi cabeza de haber encontrado una familia real. Distaba de ser un romance, distaba de muchas cosas pero lo cierto es que era lo más cercano al cariño que un vampiro podría llegar a tener. Aquella idea, aquel concepto me había acosado durante las horas de sueño. Habia pasado largas horas de luz con los ojos cerrados, contemplando todos los posibles trágicos finales para lo que estaba a punto de hacer pero aún asi, decidí que sería aquella noche, que me arriesgaría.

Nocte empujaba mi espalda mientras el columpio en el que estaba sentada iba y venía. Me empujaba mientras la inquietud permanecía en mi mente, preguntándome si no sería más fácil el partirme la cabeza al caer del columpio que lo que estaba a punto de hacer. Había dejado de comportarme como niña, de reír y bromear como solía hacer. El silencio no tardó en llenar el espacio que los chirridos de aquellas cadenas de metal dejaban de omitir al dejar de ser empujadas.


Cuando el columpio se detuvo pude ver su sombra proyectándose delante de mi, extendiéndose de forma consumista, devorando la mia propia. Era alto, bastante más que yo.

No voltee a verle pues consideraba fuese un gesto de confianza el darle la espalda ciegamente, algo que había hecho durante los últimos veinte minutos que me había estado hamacando.*

-Nocte...

*Dije con suavidad llamándole por primera vez por su nombre real, sin deformarlo de forma aniñada como solía hacer al llamarle caprichosamente por el nombre de "Noctus". Eso definitivamente tendría que llamar su atención.*

-Esa noche te prometí que te enseñaría mi refugio. Creo que la noche ha llegado..


*Las palabras estaban dichas, no había forma de echarse atrás. Sentencia de muerte o no, allí lo apostaba todo.*

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La noche era oscura como nuestras almas, el viento frió como mi piel y la luna tan pálida como ella. La dulce niña oscilaba lentamente sostenida al compás del dulce chirriar del cómplice columpio, notaba distante perdida en sus pensamientos. Aquella noche, bañada por la luna, la perfecta y muerta piel de Katriel lucia incluso mas pálida que de costumbre. Mis suaves manos rozaban sus caderas en cada empujón mientras oída el suave susurro de sus risos al viento y el tentador de ruido chirriante de las cadenas sobre ella. Mi naturaleza siempre se interpuso en mis deseos de familia, pero ella era distinta, había algo en ella que me atraía... algo oscuro. 
Mi sombra se poso sobre la suya en un abrazo tétrico y seductor, había algo en ellas que nos aterraba admitir, ambos estábamos solos. Tiempo atras había creído que mi sombra seria mi única compañeros... esa noche todo era distinto.

-Nocte...- Dijo ella. Habia nervios en su perfecta vos y eso me deleito. Nadie jamas me llamaba por mi nombre, algunos incluso le temían, "Nocte Salvatore" era un nombre demasiado acertado y cruel para un vampiro... incluso mas para uno con mis dones y preferencias. 
*rei por dentro.*

De espaldas a ella no hubo palabras ni expresión alguna... sus ojos me eran negados y ella le fueron negados los míos.
Algunos creen que los ojos son las ventanas al alma, y a mi, como a muchos otros, a veces me gusta romper las ventanas y tomar lo que hay dentro... pero entonces... porque temía tanto entrar en ella... porque temía tanto herirla.

-Esa noche te prometí que te enseñaría mi refugio. Creo que la noche ha llegado...
La cadera de kat rozo mis manos y las cadenas callaron a mi orden cuando la hamaca se detuvo. Podía sentir su tenue piel separada apenas por su negro vestido mientras sostenía sus caderas. Mi sombra por su lado la abrazaba con peligroso cariño como un siniestro adulto que acracia suavemente a una niña perdida lejos de sus padres, su dulce aroma inundo mis pútridos pulmones incluso aunque no necesitaba respirar, hacerlo era un lujo que estaba dispuesto a darme de vez en cuando. 

Me deleite con nuestro silencio mas de lo que debía, ella no solía callarse tanto y su miedo me alimentaba el alma. Me acerque a sus rostro por la espalda sin soltar sus tiernas caderas y susurre a su al oído aquellas palabras heladas. 
-No temas-

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A pesar de que podríamos hacernos pasar por padre e hija compartiendo un momento afectuoso en un parque, las altas horas de la noche no ayudaban en nada a que aquello fuese visto como una situación normal. La escena que se presentaba no era inocente en absoluto y quizás ante los de nuestra misma condición, para nosotros que comprendíamos aquella naturaleza dañina que poseíamos, la poca decencia de la raza y los instintos que a veces le asaltaban a uno mostraban otra cosa. Tenía la oportunidad de intentar devorarme sin ser reprendido por ello puesto que “ojos que no ven corazón que no siente”. Estábamos lejos de aquellos ojos que podrían juzgarlo, encerrarlo por devorarme.


Cada rose de sus manos en mis caderas era como un nuevo tajo abriéndose paso en mi determinación, incitándome quizás a deseos que no deberían despertarse en mi. Por eso es que le interrumpí y hablé, antes de que me hiciese echarme para atrás en aquella decisión.. Por eso y por nada más a pesar de la seducción morbosa que pudiese encontrarse escondida en unos simples y delicados roces. Él era un depredador, los dos lo éramos, pero en ese momento yo era la presa.


Sentí su respiración junto a mi mejilla mientras su sombra me envolvía posesivamente, devorando mi figura, “mi reflejo”. Cerré los ojos sintiendo la fina línea que nos separaba, la terrible equivocación que podría haber cometido casi explotándome en la cara. Era como un pequeño conejo temblando en las manos del cazador a punto de que le quebrasen el cuello. Pudo haberlo hecho pues sumisamente permanecí en aquella posición más no lo hizo, no aún. Si algo conocía sobre los de mi clase es que disfrutan terriblemente cuando tienen a su presa acorralada, lo mucho que adoran jugar con ella antes de acabar con ella.

Sonreí irónica aunque no pudo verme, soltando una cantidad innecesaria de aire ¿Temerle? A lo único que le temía era a la soledad. Ese era el más grandes de mis defectos, de mis fobias. Era irónico siendo un vampiro pero así eran las cosas. Mi mayor temor a pesar de lo que intentaba demostrar al portarme como niña muy social era el estar sola. Cuando lo estaba, me rodeaba de sombras, intentaba hacerme invisible. Temía terriblemente que el silencio fuese eterno, gritar y que nadie me escuchase. En mi mente los gritos de mi madre resonaron, unos gritos lejanos. Lo peor que podría ocurrirme es que Nocte se marchase, dejándome sola otra vez. A aquello le temía más que a lo que él pudiese hacerme en realidad. Al perder lo que había encontrado, de la idea de la que me había enamorado: el formar una familia. Solo él y yo, como hermanos.


-No le tengo miedo a lo que tú puedas hacerme… sino a lo que yo pudiese permitir que me hagas.


Aquello podría sonar terriblemente mal, con un doble sentido espantoso a pesar de que no pretendía que lo tuviese, incluso, podría sonar a invitación. Había bastante de niña en mi a pesar de que no lo fuese completamente cuando realmente me convirtieron. Era una edad verdaderamente complicada para ser un vástago pues la definición más exacta sería “una adulta atrapada en el cuerpo de una niña”. No esperé que entendiese lo que realmente le había querido decir.

Con suerte mis palabras detendrían un golpe mortal sacandole de sus casillas, haciendole preguntar el por qué las había dicho, pues no era normal que alguien dijese algo como aquello. Mucho menos en una situación así.

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Mis tibios labios rosaron su mejilla en un tierno beso fraternal, mas humano de lo que cualquiera hubiera esperado, me gustaba darme aquellos placeres vulgares para los de mi clase. La levante de la cintura y la baje de la hamaca, nuestro clan poseia una fuerza muy practica en aquellas situaciones.
-Vallamos que ya empieza a hacer frio... usa mi saco para que no te enfermes.- Me burle de ella simulando ser verdaderamente su hermano mayor, y abrazandola con mis manos mientras colocaba mi saco sobre ella. Mi sombra pareció pellizcar la mejilla de la suya cuando me distraje... y no presisamente las del rostro.

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Resultaba curioso que a pesar de percibir el frío y el calor de forma diferente a como los percibía al tratar con humanos, encontrase el calor corporal de aquel vampiro a la misma temperatura que la mía. Por primera vez en bastante tiempo no me sentía muerta y no porque estuviese experimentando una mala jugada de las hormonas sino porque ambos pertenecíamos a la misma raza… a esos seres nocturnos que se alimentan de la vida de otros para sobrevivir.
 
Cuando el príncipe de las ironías me bajó del columpio aún sentía sus labios latiendo contra mi mejilla en una sensación bastante persistente. Me abrazaba la piel, como si él llevase el mismísimo veneno en los labios.
 
-Qué considerado de tu parte, esperemos no te pesques una pulmonía por prestarme tu abrigo.
 
Mi sombra se agitó tras de mi siseando a la atrevida masa negra que se había pasado de lista para con ella. Le correteó a lo largo del sendero proyectándose de forma más alargada como si buscase atraparla.
 
Caminaríamos calle abajo y recorreríamos un poco de la ciudad en el trayecto que nos quedaba para llegar a mi refugio o mejor dicho, nuestro refugio porque desde ahora lo sería si él no terminaba conmigo en las próximas horas.
 
-Espero que la fe no te espante.
 
Me mordí el labio inferior mientras él aún me abrazaba. Ante nosotros una enorme e imponente iglesia se levantaba luciendo una magnífica fachada gótica. Tenía una gran altura y era bastante grande en comparación con otras tantas de las que se levantaban en Buenos Aires. Podría decirse que era una magnífica obra de arte y un lugar en el que la mayoría de los vampiros no serían capaces de entrar.
 
-Bienvenido a mi refugio Noctus…
 
Volvió a llamarle de aquella otra forma empujando las pesadas puertas con su pequeña y refinada mano. A penas dejé una rendija por la cual ambos podríamos colarnos hacia el interior del establecimiento. Una vez dentro subiríamos las escaleras de caracol que se encontraban tras recorrer todo el pasillo hacia el altar, más allá de una puerta que se encontraba al lateral de la sacristía donde usualmente los curas solían vestirse antes de las misas.
 
Subimos las escaleras sin perturbar el silencio sepulcral, yo guiándole de la mano. Al menos yo no dije ni una sola palabra hasta que terminamos de subirlas. Había un pequeño entre piso y luego más escaleras que parecían nunca terminar. Había unos tres o cuatros descansos entre los tramos de escaleras que recorrimos antes de llegar a un pequeño “ático” por así llamarlo de alguna manera. Era un pequeño cuarto al lateral del campanario y eso quizás le enseñaría el por qué a veces parecía un poco trastornada. Había escuchado demasiadas campanadas en mi vida… aunque actualmente la campana de aquella iglesia estaba en reparaciones.
 
En aquella última “habitación” me detuve. Había un vitral tapado por pesadas cortinas de terciopelo y si bien había un montón de cajas y estatuas amontonadas en varias hileras que parecían hacer de separadores nada parecía tener demasiado polvo. Le conduje por uno de aquellos pasillos de cajas y me detuve. Podía observarse un colchón inmenso tapado por mantas y almohadones, alfombras persas, lámparas de aceite, velas,  un biombo y varios utensilios de otra época. No es que yo tuviese demasiados años en realidad o hubiese nacido en una época muy diferente a esta pero eran cosas de mi gusto, cosas que tenían cierto encanto para mí.
 
Tiré de su mano hacia mi con un gesto seguro pero suave mientras que mi mirada buscaba la suya sin pestañear.
 
-Llevaba mucho tiempo sin sentir lo que los humanos dirían…. “Afecto” por alguien más que no fuese yo. Entonces apareciste para desequilibrar mi eternidad aún más… haciendo que ciertas emociones y afectos que deberían de estar sepultados se despertasen.
 
No sabía como explicárselo y tampoco creía que fuese buena idea estar explicándoselo pero algo dentro de mi quería que toda la sinceridad que tenía fuese expulsada, que él supiese como me sentía respecto a él.
 
-No puedo decir que sienta confianza por muchos vástagos… pero estoy decidida a poner las manos en el fuego por ti. No se como explicarte el por qué lo siento de esta forma, pero así creo que deben de ser las cosas.
 
Suspiré soltando su mano y  le di la espalda.

-Tampoco existens vástagos a los que les diese la espalda de esta forma desde que fui abrazada… ni a los que les dejaría la garganta expuesta.

 
Me llevé las manos hacia la parte trasera del vestido en la zona del cuello donde había un pequeño ganchito para sujetarlo apretado contra mi cuello. Lo desabroché y bajé levemente el cierre del mismo dejando una pequeña porción de carne de mi espalda expuesta. Hombros, garganta y las dos primeras vértebras.
 
-Mi apuesta esta noche… es darte la espalda, pedirte que bebas de mi y confiar en que te detendrás antes de vaciarme o quebrarme el cuello. Demuestrame que no me equivoqué contigo, que puedo confiar en ti...

Me mantuve con los ojos cerrados, apretando los labios y con el corazón en la  garganta ladeando un poco el cuello.

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Actualización:
Tiempo: luego 2 meses de la ultima partida.

Nocte caminaba por la oscura avenida aquella noche de lluvia con su familia cuando freno en seco al verla. Frente a el, la pequeña Katriel lo miraba fijamente desde la otra esquina mientras la lluvia caía cada vez mas fuerte.
"Amor, después las alcanzo." -Dijo saludando a su familia mortal que siguio avanzando rumbo al auto para no mojarse.

Y ahí se quedo, mirándo a su hermana por un instante que le pareció eterno hasta que las sombras a su alrededor comenzaron a agitarse, posiblemente fueran los faros de la acera fallando, o quizá el nubarrón que ilumino el mundo con un fugaz relámpago. La fria noche parecía difumarse en la imagen de aquellos 2 ojos mirándolo a la distancia.

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No había vuelto a saber de él. De hecho, ya desde aquella reunión sabatica a la que él se había colado que no habían medidado demasiadas palabras. No habían tenido oportunidad de encontrarse a solas desde entonces y eso no había cambiado siquiera desde la última reunión en las alcantarillas, donde quizás tuvieron mucha suerte de salir con todos los miembros de la Camarilla a salvo. Demasiada suerte en realidad a vista de las circunstancias. Ahora le veía desde aquella esquina, sin intervenir. Había reconocido su auto aparcado y presupuso que estaría por allí. Se había quedado vigilando con la intención de verle. No esperaba encontrarlo con su familia aunque de por si sabía que estaba con ellas siempre. De alguna forma él la culpaba de dejar a la verdadera familia de lado pero era en parte lo que él había estado haciendo con ella. No es que compartiesen sangre, pero al menos un clan. La tormenta no podría describir mejor lo que ella sentía por dentro. Sentía al mismo tiempo un vacío, envidia, celos, enojo y mucha pero mucha bronca.
¿Y ahora qué? Había esperado por meses aquel momento y ahora que finalmente llegaba no estaba segura de qué hacer, como reaccionar ¿Qué había de él? ¿Le daría la espalda y se marcharía una vez más? Ya se había humillado lo suficiente, había perdido a los suficientes... era el colmo.
Movió la mano a modo de saludo pero no se acercó.

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El reconoció su mano en modo de saludo y decidió tomar la iniciativa, la sangre de su hermana le hacia agua la boca y los hasta dientes se le tensaban mostrando su verdadera y monstruosa naturaleza. Durante décadas se las había ingeniado para mantener a ese monstruo a raya alimentándose solo de la sangre de su familia, de aquellos a quienes le recordaban quien era. Pero ella era diferente, ella era única, ella era quien lo había obligado por medio de la seducción a probar la sangre de otro vástago. A saborear un gusto que jamas habría podido describir con sus formales palabras.

Ese gesto de su mano lo atraía en contra de su voluntad como el éxtasis de la droga que el adicto es incapaz de dejar. Se despreciaba a si mismo por desear aquel jugoso manjar que ella mantenía oculto bajo sus ropajes, un manjar que jamas le negaría.

El sabia como hacerla suplicar, pero en ese momento solo deseaba verla reír de placer cuando el posara sus dientes en ella una vez mas terminando lo que habían empezado tiempo atrás... Se humillaría el por aquella asquerosa y espesa sangre?... el tenia sus limites, pero... que exotico sabor tenia...

-Hola hermanita- Dijo Nocte aterradoramente cordial cuando finalmente estuvo frente a ella y en su boca se podian notar como sus colmillos se clavaban en sus labios relamiéndose de deseo.

Sus ojos, antes marrones, esa noche se veían completamente negros, y su piel, mas pálida que de costumbre, mostraba pequeñas vetas azulinas a los costados de su rostro donde tiempo atrás sus venas enviaban sangre. Era como si el ya no se molestara por mantener su apariencia humana tan habitual.

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-Buenas noches... Nocte.-

Dijo con voz neutra. Si bien resultaba inquietante que después de haber bebido de él por segunda vez se hubiese vuelto una completa imbecil cuando se trataba de darle todos sus caprichos, por fortuna aún existían ciertos factores que habían generado en si una serie de pequeños escudos. Podía debatirse en lo correcto y lo incorrecto pero aún podía distinguir qué cosa estaba bien y qué cosa estaba mal. 
No es que darle un par  de gotas de sangre le fuese a causar una diferencia con la que de por si ya mostraba después de aquel último vínculo pero no podía permitirse ni permitirle un tercero. No una cantidad de sangre excesiva pues eso los condenaría a todos.

A veces extrañaba al antiguo Nocte. A ese que la ignoraba por completo, que la hacía menos. No era el mismo Nocte que ella había conocido sino uno que se movía impulsado a causa de aquel vínculo. El primero había estado bien, había sido necesario para protegerse. El segundo... lo cambió todo. La seguridad se vino abajo. Si antes podía dudar entre si él realmente la quería pero era poco demostrativo o si él no la quería y no se preocupaba en exceso por hacerle notar lo contrario, ahora todo era peor. No podía estar segura de si lo que hacia, decía y sentía era por el vínculo, que lo hacía expresar sin preambulos sus verdaderos deseos o sentimientos ayudandolo a expresarse o si realmente era un todo ficticio generado por nada más y nada menos que la sangre.

Por supuesto, Alessandro tenía mucho que ver en la forma en la que Katriel se portaba actualmente. La había hecho pensar, dudar, odiar, odiarse. También tenía que ver con el ser más racional y menos caprichosa el hecho de que al menos uno de los dos tenía que serlo. Y por supuesto... estaba el factor de que si en verdad Nocte cambiaba así a causa de la sangre, podría existir la posibilidad de que reforzando el vínculo él hiciese cosas de las que ella pudiese arrepentirse terriblemente puesto que quizás, podría quedar cegado. Y ella, quizás ella también. No podía poner en riesgo a Artemis y los demás ¿Qué clase de ser asqueroso sería? Un monstruo. Ya de por si había dejado que su monstruo interno saliese cuando frecuentaba a Alessandro, no estaba bien tentar a la suerte y dejarlo salir nuevamente. 

Sentía ese cosquilleo horrible recorrerle la columna iniciando desde su nuca. Esos ojos penetrantes y fijos observandola sin apartarse.... ¿Y si había dejado de verla tan solo por precaución? No... no podía estar segura de ello. Estaba segura de que había sido por resentimiento, no porque realmente quisiese cuidarla.

-Reconocí tu auto... pensé que estarías cerca. Ni siquiera se por qué me quedé en esta esquina clavada, es ciertamente ridículo.-


Excusandose era de lo peor.

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